¿Qué es el sueño segmentado o bifásico?
Giovana Femat Roldán 11 de diciembre de 2024 Padecimientos

El sueño fragmentado y el sueño bifásico son conceptos que describen patrones de descanso diferentes al habitual. En general, el sueño se organiza en fases y sigue ciclos predecibles. Conocer la fisiología del sueño, un proceso regulado por el cerebro, ayuda a entenderlos.
El sueño se regula No sé si puedo reloj biológico, un sistema interno que sincroniza las funciones del cuerpo con las señales ambientales, como la luz y la oscuridad. Específicamente se “encuentra” en el núcleo supraquiasmático del cerebro, que libera señales que regulan la melatonina, una hormona clave que induce la somnolencia con la oscuridad.
El sueño ocurre en ciclos que duran entre 90 y 120 minutos, y cada uno incluye varias fases del sueño: fase de sueño ligero, fase de sueño profundo y fase de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés). Este equilibrio entre las fases asegura que las funciones cerebrales y corporales se restauren. Concretamente, la fase del sueño profunda es crucial para la recuperación física y consolidación de la memoria, necesaria para un sueño reparador.
Sin embargo, los patrones de sueño varían entre cada persona. Mientras que la mayoría sigue un modelo monofásico (dormir una sola vez durante la noche), históricamente, el ser humano ha experimentado sueño bifásico y sueño segmentado. En el sueño bifásico, existen dos periodos principales: dormir durante la noche y tomar una siesta diurna. En el sueño segmentado, el descanso nocturno se interrumpe en dos bloques separados por un periodo de vigilia.
El sueño segmentado era común antes de la revolución industrial, cuando las personas dormían en dos bloques durante la noche, separados por una o dos horas de vigilia. En ese tiempo se dedicaban a actividades como meditación, escritura o interacción social. Posteriormente, este patrón fue desplazado por la necesidad de trabajar largas jornadas durante el día, dando lugar al sueño monofásico actual.
Por otro lado, el sueño bifásico puede incluir un periodo principal de descanso nocturno, complementado con una siesta a lo largo del día. Esta organización del sueño sigue siendo frecuente en culturas mediterráneas y se asocia con beneficios como mayor energía y productividad.
Algunos también adoptan el sueño polifásico, que implica múltiples periodos cortos de sueño a lo largo de 24 horas. Aunque es útil en circunstancias como trabajos nocturnos o en contexto de investigación científica, este patrón puede interferir con la calidad del sueño y la salud si no se maneja adecuadamente.

Relación con la neurociencia del sueño
Desde la perspectiva de la neurociencia del sueño, estos patrones alternativos reflejan la adaptabilidad del sueño humano. El cerebro tiene la capacidad de ajustarse a horarios y duración de descanso, aunque no todos los patrones son igualmente eficaces para restaurar las funciones mentales y físicas.
Un problema común en la sociedad moderna es el sueño interrumpido, que puede ocurrir por situaciones como ruidos ambientales o condiciones médicas como insomnio. La interrupción frecuente afecta la calidad del sueño, reduciendo los periodos de sueño profundo, y por ende, la recuperación.
El cronotipo, o la predisposición biológica de una persona a ser madrugadora o noctámbula, también influye en los hábitos de sueño y su efectividad. Las personas con cronotipos extremos (muy diurnos o muy nocturnos) pueden tener dificultades para adaptarse a horarios de trabajo o estudio, lo que puede derivar en trastornos del sueño.
Duración y hábitos para un sueño reparador
Para los adultos se recomienda una duración del sueño entre 7-9 horas por noche. Sin embargo, lo importante es la calidad de “reparador”, sin importar la cantidad de horas. Una siesta diurna breve (20 a 30 min) puede ser beneficiosa, especialmente en patrones bifásico, ya que mejora la concentración y reduce el estrés. Por otro lado, las siestas largas o en horarios tardíos pueden alterar el reloj biológico y dificultar el descanso nocturno.
Para promover un sueño saludable se puede adoptar buenos hábitos de sueño. Algunos ejemplos incluyen:
- Mantener horarios regulares para dormir y despertar
- Evitar la exposición a pantallas antes de acostarse
- Crear un ambiente oscuro, tranquilo y fresco en el dormitorio
- Limitar el consumo de bebidas energizantes como cafeína y alcohol, ya que altera la organización del sueño
Para quienes enfrentan dificultades persistentes con la calidad del sueño, como el sueño interrumpido o el insomnio, acudir a clínicas del sueño puede ser una herramienta fundamental. Estas instituciones especializadas combinan avances en la neurociencia del sueño con evaluaciones personalizadas para identificar problemas subyacentes y proponer estrategias efectivas. En última instancia, cada persona debe encontrar el equilibrio que mejor se adapte a su estilo de vida y cronotipo para maximizar los beneficios del descanso.
