¿Por qué tengo sueño en el día, pero no duermo por la noche?
Giovana Femat Roldán 11 de noviembre de 2024 Padecimientos

Los trastornos del sueño presentan una alta prevalencia en la población adulta, siendo una importante consulta médica en la actualidad, por lo que deben ser diagnosticados y tratados a tiempo, ya que pueden provocar serias alteraciones en la calidad de vida del paciente y las personas que lo rodean.
El sueño en los seres vivos es una función biológica de suma importancia que se experimenta diariamente. Durante este tiempo, sucede un complejo proceso de conductas.
El sueño y sus fases
El sueño se puede clasificar en dos estados, llamados sueño No MOR y sueño MOR, refiriéndose MOR a las siglas de movimientos rápidos oculares. Ambos estados se relacionan entre sí durante este proceso. En los adultos se inicia el proceso de dormir con sueño No MOR, no así en los infantes, quienes comienzan con el sueño MOR.
Sueño No MOR
– Fase I: sensación de adormecimiento, con movimiento despacio de los ojos, se pierde ritmo alfa y se inicia la actividad theta.
– Fase II: en esta fase se logra visualizar mayor lentitud en un electroencefalograma (EEG), la actividad delta se presenta y la duración de esta etapa es de 20 minutos.
– Fase III: cuando en una hoja de registro de un EEG se nota que las ondas lentas ocupan más del 20% pero menos del 50%, aquí es donde se inicia esta fase número 3.
– Fase IV: es difícil diferenciarla de la fase III, esto debido a que tienen características exactas, por lo tanto, ambas forman un complejo denominado sueño profundo, donde hay movimientos de los ojos, relajación muscular y su duración es de 20 a 40 minutos seguidos por el despertar.
Sueño MOR
Posterior a 70 o 100 minutos de haber empezado el proceso de sueño aparece el primer periodo de esta etapa llamada latencia del sueño, el cual tiene una duración de 10 minutos. Se logran visualizar movimientos oculares rápidos con atonía muscular generalizada.
Trastornos del sueño
El proceso del sueño está regulado por diferentes mecanismos esenciales, y cuando estos se alteran, se tienden a producir alteraciones del sueño.
El estudio considerado “estándar de oro” para su diagnóstico es la polisomnografía, el cual es realizado en un laboratorio para monitorizar diferentes variables biológicas en un individuo haciéndolo mediante el monitoreo continuo del EEG, electrooculograma (EOG) y electromiograma submentoniano (EMG); es tomado en cuenta también el flujo de aire nasal u oral, esfuerzo respiratorio, oximetría, electrocardiograma (ECG) y la posición del paciente, entre otras.

- Trastorno del insomnio
Se trata de uno de los trastornos que más comúnmente se presenta en la población. La frecuencia de este desorden crónico se estima entre el 10% y el 30%, y de este porcentaje, el 10% al 15% padecen insomnio severo, sin embargo, se conoce que hasta el 80% de la población ha sufrido de insomnio transitorio al menos una vez en su vida.
Se define como el trastorno de insomnio como la insatisfacción con la cantidad o calidad del sueño, dificultad para mantener el sueño con despertares frecuentes o problemas para volver a dormir después de despertar y despertar temprano por la mañana con incapacidad para regresar a dormir.
El insomnio crónico es la condición patológica que se presenta con una duración mayor a 3 meses y una frecuencia de más de 3 veces por semana, la cual, en su gran mayoría de veces, está relacionada con enfermedades crónicas de base y sus tratamientos.
- Hipersomnia
La hipersomnia tiene que presentarse al menos 3 veces por semana durante al menos 3 meses, acompañada de malestar significativo con deterioro cognitivo, social o laboral. Esta alteración no puede explicarse debido a otro trastorno del sueño y no se produce exclusivamente en el curso de otro trastorno del sueño, tampoco se le puede atribuir al efecto de alguna sustancia en el individuo.
La causa de la somnolencia puede deberse a sueño insuficiente, disfunción neurológica, interrupción del sueño o al ciclo circadiano individual, y esto puede llevar al paciente a afectación en la atención, concentración, memoria y otros procesos cognitivos mayores.
- Narcolepsia
En los pacientes con esta afectación se logra evidenciar que tienen lapsos recurrentes de necesidad irresistible de dormir. Estos períodos pueden tener una duración de 10 a 20 minutos de sueño, posterior a los cuales el individuo se siente renovado al menos transitoriamente. Puede aparecer a cualquier edad, sin embargo, es más frecuente en la adolescencia, generalmente antes de los 30 años.
- Trastornos del sueño relacionados con respiración
Se incluyen situaciones donde se evidencia desde la resistencia de la vía aérea respiratoria superior como la apnea (ausencia de flujo de aire) y la hipopnea (disminución del aire aéreo), hasta la apnea obstructiva grave del sueño. Cada una de las situaciones respiratorias alteradas por el sueño se puede clasificar como central, obstructiva o mixta, refiriéndose la central a la falta de esfuerzo respiratorio.
Síntomas más comunes de los trastornos del sueño
- Dificultad para conciliar o mantener el sueño:
Muchas personas tienen problemas para quedarse dormidas al inicio de la noche o se despiertan en la madrugada y no logran volver a dormirse.
- Despertares frecuentes:
Algunos trastornos causan múltiples interrupciones durante la noche, ya sea por problemas respiratorios, movimientos involuntarios o pesadillas. Esto fragmenta el sueño y afecta su calidad.
- Somnolencia diurna excesiva:
La falta de descanso adecuado produce una necesidad constante de dormir durante el día, lo que puede provocar microsueños, fatiga y dificultad para mantenerse alerta en momentos cruciales.
- Problemas de concentración y memoria:
La privación del sueño afecta la función cognitiva, dificultando el enfoque y el recuerdo de información, lo que impacta negativamente en la vida laboral y personal.
- Irritabilidad y cambios de humor:
La falta de sueño influye en la regulación emocional, causando irritabilidad, ansiedad e incluso síntomas depresivos en algunos casos.
- Dolores de cabeza matutinos:
Algunas personas se despiertan con dolor de cabeza debido a problemas respiratorios nocturnos o a una mala postura durante el sueño.
- Dificultad para cumplir con el horario de sueño regular:
Trastornos como el desajuste del ritmo circadiano causan problemas para dormir y despertarse a horas regulares, provocando insomnio nocturno y cansancio durante el día.
- Movimientos o conductas anormales mientras se duerme:
Las parasomnias, como el sonambulismo y los terrores nocturnos, hacen que la persona realice actividades físicas o tenga episodios de agitación sin recordar los detalles al despertar.
Estos síntomas pueden variar en intensidad y frecuencia, pero si se presentan de forma persistente, es recomendable acudir a un especialista en trastornos del sueño. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado pueden mejorar significativamente la calidad del sueño y, por lo tanto, la calidad de vida de la persona.
